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Las profundas inquietudes espirituales que los laicos manifestaron en la Europa occidental, desde finales del siglo XII y a lo largo de todo el siglo XIII, son un componente de primer orden en el proceso de emancipación intelectual que se detecta entre los mismos laicos en el otoño de la Edad Media. De hecho, resultaron una vía privilegiada de acceso al saber de los clérigos, al saber teológico sobre todo.

En la Corona de Aragón, el fenómeno coincide con la constitución, la generalización y la consolidación de una tradición cultural rica y diversa en lengua vulgar en el paso del siglo XIII al XIV. Algunas de las principales contribuciones a la extensión del uso escrito del catalán vienen del ámbito de la espiritualidad y por obra de laicos. Es el caso de Ramón Llull y de Arnaldo de Vilanova, que hacen aportaciones decisivas al carácter propio de esta tradición. A la vez, los dos se explican como producto del derribo de las barreras que separaban los diferentes compartimentos en que estaba dividido el saber, hasta hacer posible que algunos laicos sintieran la necesidad de ir más allá del utillaje cultural que habían adquirido de forma natural en su proceso de socialización e invadir parcelas del saber hasta entonces reservadas a especialistas, a clérigos. Llull y Vilanova viven, pues, en el mismo comienzo de esta tendencia y hacen que la cultura catalana la manifieste con una notable precocidad.

La piedad penitencial y las muy variadas concreciones que tuvo a lo largo del siglo XIII constituyen la manifestación más evidente de esta voluntad de los laicos de encontrar unas formas de espiritualidad propias en que tuvieran protagonismo, sin abandonar su estado de vida. Una manifestación bien conocida de esta espiritualidad penitencial es la que se da en Occitania y en la Corona de Aragón en los cincuenta años comprendidos entre el último cuarto del siglo XIII y el primero del XIV; se trata de una corriente extensa y vigorosa, vinculada de varias maneras a los frailes menores, especialmente al sector que denominamos espiritual, que tiene su correspondencia, aunque con características propias, en la Península italiana y en Sicilia. Forma, por lo tanto, un arco mediterráneo de gran alcance, que es el espacio en que el beato Ramón y el maestro Arnaldo de Vilanova desarrollaron su actividad principal en esta época.

Fuente: Albert Soler, “Espiritualitat i cultura: els laics i l’accés al saber a final del segle XIII a la Corona d’Aragó”, Studia Lulliana 38 (1998), pp. 3-4.

Hay aspectos del Blaquerna de Ramón Llull, como la vida ejemplar de los padres del héroe, Evast y Aloma, y de su Doctrina Pueril, como la propuesta de inducir una educación elemental de los niños mediante la lectura y la escritura, que se explican por la convivencia de Llull con núcleos sociales marcados por las inquietudes espirituales laicas. Esto no quiere decir que Llull compartiera personalmente ningún programa concreto propio de beguinos: su programa es el Arte. En cambio, algunos de los primeros discípulos de Llull en los países de habla catalana en el siglo XIV fueron precisamente laicos espirituales: los laicos espirituales que desencadenaron las iras del inquisidor Nicolás Eimeric a partir de 1372.

 

enllaç UB Centre de Documentació Ramon Llull