Demostrar

La ambición demostrativa del Arte explica algunos de los cambios que Llull fue introduciendo en sus sucesivas versiones. En este sentido, resulta significativo el cambio de denominación que recibe el Arte de su primera formulación (Ars compendiosa inveniendi veritatem o Arte abreviada de encontrar la verdad) a la segunda (Arte demostrativa). El Arte demostrativa parece reflejar, ya en su propio título, la voluntad luliana de presentar su artefacto epistemológico como una ciencia encuadrable en los esquemas aristotélicos de los Segundos analíticos, la obra aristotélica que, según la tradición escolástica, trataba de la ‘demostración’, de las ‘razones necesarias’, por oposición al ars inventiva, la Dialéctica, que trataba de las razones probables. Esta voluntad parece aún más evidente cuando se considera este nuevo título del Arte en concordancia con otra de las novedades que el Arte demostrativapresenta respecto al Ars compendiosa inveniendi veritatem: la pretensión de Llull de que su Arte actúa no solo a través de meros ‘signos’, sino por medio de tres tipos de demostraciones, la demostración propter quid (por la causa), la demostración quia (por el efecto) y la demostración per equiparantiam (que, según su entender, es la más demostrativa de todas, incluso más que la propter quid, a la que los escolásticos, de acuerdo con Aristóteles, reservaban este privilegio). Dejando a un lado este tercer tipo de demostración, que Llull presenta como de cosecha propia, las otras dos sitúan el Arte en la órbita de las teorizaciones epistemológicas de los Segundos analíticos.

Las Artes de Llull posteriores al Arte demostrativa ya no abandonarán nunca esta órbita. Al contrario, el Doctor Iluminado intentó en cada una de ellas profundizar progresivamente en la voluntad ya presente en esta obra de replantear las relaciones tradicionales entre la inventio y la demonstratio, con el objetivo de borrar, de acuerdo con las directrices estipuladas en los Segundos analíticos para la ciencia, los déficits demostrativos inherentes a la Dialéctica, conservando a la vez las virtudes ‘inventivas’ características de esta última disciplina, que él había mecanizado por medio de la combinatoria. Esta voluntad, paradojícamente, llevó a Llull a crear un Arte al mismo tiempo demostrativa (como las ciencias descritas en los Segundos analíticos) y universal (como la Dialéctica) que rompía con el modelo de ciencia aristotélico que solamente aceptaba ciencias demostrativas particulares. Una ruptura que convirtió la obra luliana en un punto de referencia ineludible para todos aquellos pensadores que, como Descartes o Leibniz, quisieron, siglos más tarde, llevar a cabo empresas similares.

Fuente: Josep M. Ruiz Simon, “«Quomodo est haec ars inventiva?» (l’Art de Llull i la dialèctica escolàstica)”, Studia Lulliana, 33 (1993 [1995]), pp. 97-98.